Fue la obra faraónica del Gobierno de Camps. El aterrizaje de la Fórmula 1 en Valencia le ayudó a renovar, con una mayoría aplastante, la presidencia de la Comunidad. Los monoplaza rodarían y traerían riqueza a la ciudad. Fueron días de glamour, lujo y ostentación. La ambición del proyecto no tenía límites. Según el Plan, junto al circuito convivirían grandes parques, canales navegables, rascacielos y unas 3000 viviendas nuevas. El propio Camps declaraba: "Ya veo prosperidad, ya veo empleo, ya veo bienestar, ya veo una apuesta más de la Comunidad Valenciana...". Pero el pinchazo de la burbuja inmobiliaria frenó el espejismo y evidenció el despilfarro. Del macroproyecto urbanístico no queda ni rastro y sobre el asfalto, donde los bólidos quemaban ruedas, se levantan ahora chabolas donde se acumula la basura y una prueba, más, del fracaso político. La joya de la corona ha quedado en manos del abandono y el deterioro; de la Babilonia Valenciana prometida, tan sólo esta foto captada el pasado fin de semana y un paseo del Sr. Camps por las llanuras de la Albufera Valenciana (por no estrellarse contra su propia megalomanía).lunes, 30 de diciembre de 2013
Babilonios Valencianos
Fue la obra faraónica del Gobierno de Camps. El aterrizaje de la Fórmula 1 en Valencia le ayudó a renovar, con una mayoría aplastante, la presidencia de la Comunidad. Los monoplaza rodarían y traerían riqueza a la ciudad. Fueron días de glamour, lujo y ostentación. La ambición del proyecto no tenía límites. Según el Plan, junto al circuito convivirían grandes parques, canales navegables, rascacielos y unas 3000 viviendas nuevas. El propio Camps declaraba: "Ya veo prosperidad, ya veo empleo, ya veo bienestar, ya veo una apuesta más de la Comunidad Valenciana...". Pero el pinchazo de la burbuja inmobiliaria frenó el espejismo y evidenció el despilfarro. Del macroproyecto urbanístico no queda ni rastro y sobre el asfalto, donde los bólidos quemaban ruedas, se levantan ahora chabolas donde se acumula la basura y una prueba, más, del fracaso político. La joya de la corona ha quedado en manos del abandono y el deterioro; de la Babilonia Valenciana prometida, tan sólo esta foto captada el pasado fin de semana y un paseo del Sr. Camps por las llanuras de la Albufera Valenciana (por no estrellarse contra su propia megalomanía).
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